«Mientras el vapor y el estruendo dominaban la fábrica, en otras salas, la precisión y la constancia eran clave. Marina formó parte de ese engranaje esencial, y su testimonio nos abre una ventana a las labores diarias que, lejos del ruido de los molinos, garantizaban que el dulce oro de Motril llegara a su destino. Escuchemos su recuerdo de la fábrica desde dentro.»