¿Sabías que la Fábrica de Nuestra Señora del Pilar llegó a funcionar como una auténtica fábrica-colonia? Además de sus instalaciones industriales, el complejo contaba con viviendas y numerosos edificios destinados a la vida diaria de quienes trabajaban en él.
Entre 1920 y 1924 se proyectaron y documentaron distintas construcciones para dar servicio a empleados y obreros. Existían viviendas para trabajadores y administrativos, casas para empleados, la residencia del director —ubicada en la antigua casa de la Marquesa de Esquilache—, así como dependencias para el mecánico, el laboratorio, garajes, la portería y la vivienda del guarda.
El recinto también disponía de espacios destinados al bienestar y funcionamiento de la fábrica, como un comedor y duchas para los obreros, oficinas, cocheras, cuadras, almacenes, un edificio para el servicio contra incendios, la máquina de agua e incluso un cuarto para carabineros.
Uno de los elementos más destacados era una hilera de 29 casas para obreros, distribuidas en dos calles dentro del propio complejo fabril. Estas viviendas reflejan cómo la Fábrica del Pilar no solo era un centro de producción, sino también un espacio donde se desarrollaba buena parte de la vida cotidiana de quienes hicieron posible la industria azucarera.
Este conjunto de edificaciones convierte a la Fábrica del Pilar en un magnífico ejemplo de colonia industrial, un modelo en el que trabajo, vivienda y servicios convivían en un mismo recinto, formando una auténtica comunidad alrededor del azúcar.