El proceso de fabricación del azúcar en la Fábrica de Nuestra Señora del Pilar comenzaba mucho antes de que la caña llegara al Tren de Molinos. El departamento de cultivos desempeñaba un papel fundamental en esta primera fase, bajo la responsabilidad del jefe de cultivos y del químico.
El jefe de cultivos se encargaba de contratar el suministro de caña con los agricultores y supervisar, junto a los capataces, su llegada y pesaje en la fábrica. Por su parte, el químico analizaba la riqueza en azúcar de la caña, incluso antes de su corte, para determinar qué parcelas debían cosecharse primero.
Una vez en la Plaza de Cañas, comenzaba el recorrido de la materia prima por la fábrica. Durante décadas, los trabajadores cargaban manualmente la caña en espuertas y vagonetas para depositarla sobre una gran cinta metálica, conocida como conductor de caña, que la transportaba hacia el Tren de Molinos.
En estos trabajos también participaban los llamados «turrilleros», niños encargados de recoger los pequeños trozos de caña que quedaban en la plaza e introducirlos en la cinta transportadora.
Este sistema fue evolucionando con la mecanización. En la década de 1960, la fábrica adquirió un tractor equipado con ganchos que permitía recoger la caña y colocarla directamente sobre el conductor.
Desde allí, un operario regulaba la velocidad de entrada de la materia prima. La caña pasaba primero por una máquina cortadora y después por dos cilindros que realizaban un primer estrujado, dando comienzo así a su transformación industrial en azúcar.