El origen de la sociedad que dio vida a la Fábrica del Pilar

La historia de la Fábrica de Nuestra Señora del Pilar comienza mucho antes de que sus chimeneas empezaran a humear. Detrás de este ambicioso proyecto industrial se encontraba una sociedad mercantil que supo ver el enorme potencial de la industria azucarera en la Costa de Granada durante el último tercio del siglo XIX.

El 28 de noviembre de 1881 quedó constituida en Granada, ante el notario Francisco Ruiz Aguilar, la sociedad Burgos, Domínguez y García. La empresa nació con un capital inicial de 400.000 pesetas y una duración prevista de veinte años, con un objetivo muy claro: dedicarse a la fabricación de azúcar y alcohol.

La composición de la sociedad reunía a destacados empresarios y propietarios vinculados al mundo del azúcar y a la economía granadina. Entre ellos se encontraba José de Burgos Real, vecino de Motril y perteneciente a una familia con una larga tradición azucarera en la Costa Tropical, que aportó el 15 % del capital social.

Otro 15 % correspondía a Pilar de León y Gregorio, posteriormente marquesa de Squilache, viuda del diplomático y político motrileño Antonio Mantilla y Burgos, marqués de Villamantilla, y familiar directa de José de Burgos Real.

La mayor participación recaía en los hermanos Antonio, Juan y Pedro Domínguez de Gregorio, comerciantes granadinos estrechamente relacionados con la industria azucarera, especialmente la vinculada al cultivo de la remolacha, que reunían el 49 % del capital. Completaba la sociedad Joaquín García Martí, con el 21 % restante.

Sin embargo, la magnitud del proyecto hizo que el capital inicial resultara insuficiente. Apenas constituida la sociedad, este se amplió hasta alcanzar 1.250.000 pesetas, una inversión extraordinaria para la época destinada a hacer realidad la construcción de la Fábrica de Nuestra Señora del Pilar en el término municipal de Motril.

Los promotores eran conscientes de que una gran fábrica necesitaba garantizar el suministro continuo de materia prima. Por ello, de forma paralela a la construcción de las instalaciones, iniciaron una importante estrategia de adquisición y explotación agrícola. La sociedad compró 574 marjales de tierra, además de diversas fincas de secano distribuidas en 26 parcelas de la vega de Motril.

A finales de 1881 también formalizó numerosos contratos de arrendamiento con propietarios locales para dedicar sus tierras al cultivo de la caña de azúcar durante un periodo de cinco años. A este abastecimiento se sumó el compromiso adquirido por José y Ricardo de Burgos, sobrinos de José de Burgos Real, quienes garantizaron que toda la producción de caña procedente de los más de 2.000 marjales de su propiedad sería molturada en la nueva fábrica.

La historia de la Fábrica de Nuestra Señora del Pilar comienza mucho antes de que sus chimeneas empezaran a humear. Detrás de este ambicioso proyecto industrial se encontraba una sociedad mercantil que supo ver el enorme potencial de la industria azucarera en la Costa de Granada durante el último tercio del siglo XIX.Gracias a esta planificación empresarial, agrícola e industrial, la Fábrica de Nuestra Señora del Pilar inició su actividad con unas bases sólidas que la convertirían en una de las grandes referencias de la industria azucarera española y en un motor económico para Motril y toda la Costa Tropical durante buena parte del siglo XX.

La historia de la Fábrica de Nuestra Señora del Pilar comienza mucho antes de que sus chimeneas empezaran a humear. Detrás de este ambicioso proyecto industrial se encontraba una sociedad mercantil que supo ver el enorme potencial de la industria azucarera en la Costa de Granada durante el último tercio del siglo XIX.