En la década de 1970, cada cargamento de caña de azúcar que llegaba a la Fábrica de Nuestra Señora del Pilar era sometido a un exhaustivo control de calidad antes de iniciar su procesamiento.
Tras ser pesada, la caña pasaba por el RUPRO, el laboratorio situado junto a la Plaza de las Cañas. Allí, mediante el denominado puente de cata, se extraían muestras que permitían analizar la riqueza de la caña y determinar su calidad.
Este procedimiento era fundamental para aplicar el conocido «pago por riqueza de caña», un sistema mediante el cual cada agricultor cobraba en función de la calidad de la materia prima que entregaba a la fábrica.
El RUPRO fue una pieza clave para garantizar un proceso de producción justo y eficiente, incorporando criterios técnicos que contribuyeron a modernizar la industria azucarera en sus últimas décadas de actividad.
Como testimonio de esta importante instalación, hoy se conservan los planos originales del laboratorio, que permiten conocer cómo era uno de los espacios más técnicos de la Fábrica del Pilar.
