¿Sabías que uno de los últimos pasos en la fabricación del azúcar consistía en separar los cristales de la melaza mediante grandes centrifugadoras?
Una vez cristalizado, el azúcar salía de la tacha y pasaba a los malaxadores o cristalizadores, donde permanecía en constante movimiento para evitar que la masa se apelmazara. Desde allí era conducido hasta las turbinas, una de las máquinas más representativas del proceso de producción.
Durante la turbinación, las turbinas giraban a gran velocidad, separando los cristales de azúcar de las mieles o melaza mediante la fuerza centrífuga. Después, el azúcar era lavado con vapor y agua, obteniendo así el característico grano blanco que todos conocemos.
Aunque las turbinas originales de la Fábrica de Nuestra Señora del Pilar fueron desmontadas y trasladadas tras el cierre de la factoría, este proceso fue esencial para la obtención del azúcar durante décadas. La imagen que acompaña este artículo muestra un ejemplo de estas máquinas conservadas en la antigua Fábrica de San Fernando de Motril, permitiéndonos conocer cómo eran estos impresionantes equipos industriales.