En 1931, la Fábrica de Nuestra Señora del Pilar emprendió una importante reforma de la Plaza de las Cañas con el objetivo de mejorar el funcionamiento de la factoría y facilitar la llegada de la materia prima durante la campaña azucarera.
Las obras permitieron ampliar el acceso al recinto, favoreciendo la entrada de los carros que transportaban la caña hasta los fosos de recepción. Además, se instalaron seis básculas para agilizar el pesaje de las cargas y mejorar la organización del proceso productivo. Ese mismo año también se proyectó una nueva zona de administración y de cultivos dentro del complejo industrial.
La modernización continuó en 1936, cuando se redactó un anteproyecto para construir un nuevo almacén. El edificio, diseñado con materiales incombustibles, tendría 45 metros de longitud, 12 de anchura y 6 de altura, una estructura de hormigón, ladrillo y hierro, cubierta metálica y un resistente pavimento de hormigón de 30 centímetros de espesor para evitar problemas de humedad.
Aunque los acontecimientos que marcaron ese año condicionaron el desarrollo de muchos proyectos, estos documentos reflejan la constante apuesta de la Fábrica del Pilar por modernizar sus instalaciones y adaptarse a las necesidades de una industria en continua evolución.